La administración de linfocitos T es una de las vacunas
que, aún de manera experimental, se incluyen dentro del tratamiento
con vacunas en la esclerosis múltiple.
La vacuna de
linfocitos T es uno de los inmunógenos que, de manera no estricta,
podemos incluir dentro del tratamiento de la esclerosis múltiple (EM).
Su procedimiento consiste en obtener los linfocitos T de un paciente, modificarlos
in vitro y volver a infundírselos para ver si las nuevas células
generan el mismo tipo de reacción, recuperando el equilibrio del sistema
inmune al estimular las respuestas TH2 en el organismo del enfermo. Aún
en fase puramente experimental, "la vacuna de linfocitos T consigue obtener
la misma reacción que provoca el tratamiento con acetato de glatirámero,
que estimula la respuesta TH2 y recupera el equilibrio normal perdido con
la enfermedad", ha dicho Marcelo Kremenchutzky, neurólogo del Centro
de Esclerosis Múltiple del Centro de Ciencias de la Salud del Hospital
London, en Ontario, Canadá.
Otra de las vacunas que se puede considerar como tal en el tratamiento de
la enfermedad son las inyecciones que diariamente se suministran a los pacientes
que reciben el tratamiento con glatirámero. Sin embargo, la inexistencia
de un único antígeno que se pueda inactivar hace imposible
el desarrollo de una vacuna que actúe como prevención de la
enfermedad.
Dr. Kremenchutzky
De 8 a 2 años
No se puede anticipar
quién va a desarrollar la enfermedad; por ello, no hay forma de prevenirla.
La ausencia de un marcador genético que permita localizar a personas
que estén en riesgo de padecerla complica aún más la
labor. El rastreo epidemiológico, a través de la educación
poblacional y médica, es el único mecanismo preventivo.
Pero quizás
el diagnóstico precoz sea la medida más eficaz. Varios estudios
llevados a cabo en el Centro de Esclerosis Múltiple de Ontario demuestran
su importancia en el desarrollo y en la eficacia de los tratamientos. "Hace
20 años el tiempo medio que transcurría entre la aparición
de los primeros síntomas hasta el diagnóstico definitivo de
la enfermedad era de ocho años.
Hace cinco volvimos
a repetir el mismo estudio y vimos que el mismo periodo se había reducido
a cuatro años, y en la actualidad no llega a los dos años",
ha señalado Kremenchutzky.
Predisposición
La esclerosis
múltiple no es hereditaria, no hay un único gen responsable,
lo cual, al no haber un objetivo específico, anula la posibilidad
de desarrollar una terapia génica que la combata. "La predisposición
genética ocurre en sujetos de raza blanca, ascendencia caucásica
y de familias europeas. La combinación de los genes los predispone
para padecerla, pero no es determinante", según el experto. Tan sólo
la desarrollan en determinadas circunstancias ambientales, como infecciones
o la exposición a la radiación ultravioleta.
Un nuevo horizonte
La terapia con
acetato de glatirámero apareció hace ya 25 años, pero
a España no ha llegado hasta hace unos meses. Para Marcelo Kremenchutzky,
"se trata de la primera terapia de diseño en esclerosis múltiple
que equilibra la respuesta inmune TH2 que, en el paceinte con esta patología,
es anormal". El glatirámero, que disminuye drásticamente la
tasa de recaída, se sitúa en primera línea de los tratamientos
para la esclerosis múltiple. "Su mayor desventaja potencial es que
se suministra con inyecciones diarias, pero en su lugar suprime los efectos
adversos de los tratamientos anteriores, como los síntomas pseudogripales,
las reacciones cutáneas o las lesiones en la función del hígado",
ha explicado el experto.
Por su parte,
Antonio García Merino, de la Clínica Puerta de Hierro, de Madrid,
ha comentado que "en este momento el tratamiento es muy bienvenido, ya que
hay pacientes que no toleran los interferones". En un país como España,
que cuenta con unos 35.000 enfermos de esclerosis múltiple, cualquier
pequeño avance supone un gran paso.