Según el Massachusetts
Institute of Technology MIT, la sangre puede ayudarnos a pensar
ScienceDaily, 17 Octubre 2007
Científicos
del MIT proponen que la sangre ayuda a discurrir, además de
su ya conocido rol de suministrador de combustible y oxígeno
a las células cerebrales.
Nuestra
hipótesis es que la sangre modula de
forma activa el modo que las neuronas procesan la
información,
explica Christopher Moore, investigador principal en el McGovern
Institute for Brain Research en el MIT, en una entrevista del Journal
of Neurophysiology.
“Hay muchas evidencias que sugieren que la sangre hace algo
más importante que proporcionar únicamente
alimento. Si es cierto que también interviene en la forma en
que las neuronas transmiten las señales, esto varia el
conocimiento que tenemos del cerebro y su funcionamiento.”
De acuerdo con la Hipotesis Hemo-neuronal de Moore, la sangre no es
sólo un soporte fisiológico sino que ayuda al
control de la actividad cerebral. Específicamente, cambios
localizados en el torrente sanguíneo afectan a la
actividad de las neuronas adyacentes, cambiando la forma que transmiten
las señales unas con otras y por lo tanto regulan la
información de todo el cerebro. Estudios en el laboratorio
de Moore apoyan esta visión mostrando que el torrente
sanguíneo modula las neuronas de forma individual.
La teoría de Moore tiene implicaciones en el concepto de
enfermedades como el Alzheimer, la esquizofrenia, la esclerosis
múltiple y la epilepsia. “Muchas enfermedades
neurológicas y psiquiátricas tienen asociados
cambios en el sistema vascular” dice Moore, que es
también profesor asistente en el departamento de Ciencias
Cognitivas y del Cerebro en el MIT.
“La
mayoría de la gente asume que los
síntomas de estas enfermedades son consecuencias secundarias
del daño neuronal. Pero nosotros proponemos que pueden ser
también un factor causal en el proceso de la enfermedad, y
esta visión sugiere nuevos tratamientos totalmente
diferentes.”
Por ejemplo, en gente con epilepsia con frecuencia se ven anormalidades
en los vasos sanguíneos de la región cerebral
donde han ocurrido convulsiones, y la hipótesis sugiere que
esta circulación anormal puede inducir el inicio
epiléptico. Si esto es cierto, las medicaciones que afectan
al torrente sanguíneo serían una
opción alternativa a las terapias actuales.
La hipótesis también tiene importantes
implicaciones en las imágenes por resonancia
magnética funcional, o fMRI, usada para observar el torrente
sanguíneo y los cambios de volumen como un proceso
secundario que da una lectura de la actividad neuronal, explica Rosa
Cao, estudiante graduada del laboratorio de Moore y coautora del
informe. “Si la circulación de la sangre perfila
la actividad neuronal y el comportamiento, la fMRI es actualmente la
clave que contribuirá al proceso de
información.”
Otros estudios del laboratorio de Moore dan base a esta
interpretación. Por ejemplo, sus estudios de fMRI del homunculus
sensorial – mapa detallado de las partes del cuerpo como los
dedos, brazos y piernas,
muestran que cuando hay más torrente sanguíneo en
el área representada la gente percibe la
sensación más rápidamente. Esto nos
sugiere que la sangre afecta a la función de esta
región cerebral y que la información del torrente
sanguíneo puede predecir una futura actividad cerebral.
Estos hallazgos no menoscaban estudios previos, pero añaden
otros, más capas de la interpretación que realiza
actualmente la fMRI, haciéndola más
útil de lo que ya es.
¿Cómo puede afectar la circulación de
la sangre a la actividad cerebral? La sangre contiene factores difusos
que pueden perderse
desde los vasos y afectar la actividad neuronal, y los cambios en el
volumen sanguíneo podría afectar a la
concentración de estos factores. Las neuronas y las
células de soporte llamadas glia pueden reaccionar a
mecanismos de fuerzas de los vasos sanguíneos cuando se
contraen y se expanden. Además la sangre tiene influencia en
la temperatura de los tejidos cerebrales lo que afecta la actividad
neuronal.
Según los conocimientos de Moore, la Hipótesis
Hemo-neuronal ofrece una nueva y total forma de mirar el cerebro.
“Nadie ha incluido la circulación
sanguínea en los modelos de procesos de
información del cerebro,” afirma. Una
excepción histórica es la del filósofo
Aristóteles, ya creía que el sistema circulatorio
era responsable de los
pensamientos y las emociones. Quizás los antiguos griegos
estaban en lo cierto.
http://www.sciencedaily.com/releases/2007/10/071016101445.htm
Traducido por Rita Puentes