Riesgo de sobreoferta de parques tecnológicos

Publicado el 22-03-2010, por C. Fontgivell/M. Menchén. Barcelona

El Parc de l’Alba, que se inaugura hoy en Cerdanyola del Vallès, pondrá a disposición de las empresas y grupos de I+D un total de 340 hectáreas de terreno. Las administraciones esperan que el nuevo Sincrotrón, el único que existe en España, actúe como un motor económico con unos efectos similares a los que ha tenido el acelerador de partículas de Grenoble, en Francia.

Sin embargo, el desarrollo del parque empresarial Alba coincidirá en el tiempo con el de otros dos nuevos centros de innovación: el Biopol, en L’Hospitalet de Llobregat, y Barcelona Zona Innovació, en la Zona Franca. El Parc Científic culminará el año que viene una reforma que permitirá duplicar su superficie.

Ya empiezan a oírse voces que destacan el riesgo de sufrir una sobreoferta de infraestructuras dirigidas a empresas innovadoras, que en su conjunto mueven un presupuesto cercano a los 50 millones de euros anuales, principalmente del sector biotecnológico. Hace escasas semanas, Manel Balcells, el presidente de Biocat –el organismo que promueve la biotech en Catalunya–, admitía que las administraciones han empezado a replantearse estos tres proyectos.

Según Esteve Borrell, director general del Consorci de la Zona Franca de Barcelona (CZF), “los antiguos polígonos industriales evolucionarán hacia los parques tecnológicos; es natural que cada ayuntamiento quiera el suyo”. El CZF quiere destinar las 50 hectáreas que dejó Seat en la zona a empresas de alimentación, salud y audiovisuales. Borrell asegura que ya está negociando inversiones de hasta 75 millones de euros, que podrían empezar a materializarse a finales de año.

El proyecto sorprende por su proximidad al Biopol de L’Hospitalet de Llobregat, un nuevo parque tecnológico que debería ubicarse junto al Hospital de Bellvitge y que promueven la Generalitat, Biocat, el Ayuntamiento de L’Hospitalet y la Universitat de Barcelona.

Borrell sostiene que, a diferencia de este proyecto –que aún no tiene fecha de inicio–, el Consorci se limita a poner a disposición de empresas e instituciones una superficie. “No pretendemos competir con el Parc Científic ni con La Salle, sino ofrecer un espacio para que puedan ampliar sus instalaciones si lo necesitan”. El CZF desembolsó 140 millones de euros para recomprar los terrenos a Seat antes de que venciera su contrato de alquiler del suelo.

La Generalitat ha creado Talència para racionalizar los recursos destinados a I+D.

Disparidad
Las administraciones coinciden en que los parques tecnológicos son el entorno adecuado para que las empresas creen sinergias, pero desde el sector biotecnológico se desmarcan de esta afirmación. Según Antonio Parente, presidente de la patronal CataloniaBio, “la creación de un clúster vertical no ofrece ventajas remarcables”. “Hubo un momento en que los parques tecnológicos fueron necesarios para crear el sector, pero luego las empresas ya han caminado solas, y esto incluye tener libertad para elegir dónde se quieren instalar”.

En este sentido, Parente asegura que el principal problema es que los “parques tecnológicos son caros; hay una dicotomía entre las instituciones creadas por la Administración y el mercado libre, que ofrece precios mucho más competitivos”. CataloniaBio advierte que en algunos parques tecnológicos el precio del metro cuadrado es 2,5 veces superior al del mercado.

Según CataloniaBio, en algunos parques el alquiler es 2,5 veces superior al mercado libre.

El presidente del Parc Científic de Barcelona, Fernando Albericio, considera que “el Área Metropolitana de Barcelona tiene la masa crítica suficiente para tener más de un centro tecnológico destinado a la biotecnología”. Según Albericio, si una empresa necesita el Sincrotrón se ubicará en Alba, y si quiere hacer ensayos clínicos, se irá al Biopol”. El Ayuntamiento de Barcelona coincide con Albericio.

El teniente de alcalde de promoción económica, Jordi William Carnes, considera que los parques son “equipamientos primordiales para apoyar la consolidación de las pymes innovadoras”, y sostiene que los parques que se proyectan en la zona son complementarios. “Las diferentes zonas de producción del conocimiento de Barcelona garantizan que la ciudad puede crecer como Área Metropolitana”, señala.

Pese a estas afirmaciones, el Govern ya ha empezado a poner orden en el mapa de la innovación en Catalunya. La Generalitat ha puesto en marcha Talència, la agencia catalana de investigación, que nace con un presupuesto de 70 millones de euros. La entidad agrupa la Agència de Gestió d’Ajuts Universitaris i de Recerca (Agaur), la Fundació Catalana per a la Recerca i la Innovació (Fcri) y la Institució Catalana de Recerca i Estudis Avançats (Icrea).

Más eficiencia
Según explicó el conseller del Departament d’Innovació, Universitats i Empresa, Josep Huguet, el objetivo principal de este cambio es el de gestionar con mayor eficiencia los recursos destinados a la inversión en I+D, y a una nueva política en la concesión de subvenciones y ayudas: se primarán aquellos proyectos que tengan impacto en la sociedad. Pero esta misma política no parece ser compartida para la gestión de los parques edificados en Catalunya.

El necesario cambio de modelo productivo que ha impulsado en los últimos años el Govern, ha dado paso a una retahíla de parques de investigación, científicos y tecnológicos que trabajan para transferir el conocimiento adquirido en la Universidad al mundo empresarial. Cada una de las universidades catalanas, tanto públicas, como privadas, ha levantado su propio parque. La Universitat Politècnica de Catalunya (UPC), la Universitat de Barcelona (UB) y la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) pusieron en marcha sus propios proyectos con el objetivo de dar cabida a los grupos de investigación e intentar enlazarlos con el sector privado.

Todos buscan impulsar el I+D para desarrollar productos de alto valor añadido, y en muchos casos lo hacen en los mismos ámbitos. Prácticamente la totalidad de los parques esparcidos por el territorio catalán activa iniciativas relacionadas con la biotecnología, las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) y la alimentación. Pero, en este caso, parece no haber el mismo interés por aunar esfuerzos, ahorrar costes e incrementar la competitividad.

Fuentes de Acc1ó explican que el objetivo de la Generalitat “no es fusionar los parques de las distintas universidades pese a que trabajen en los mismos campos”. No obstante, y aunque prefieren no posicionarse sobre esta posibilidad, admiten que “tendría sentido que fuera así”.

Lejos de admitir que existe una sobreoferta, la Administración catalana prefiere fijar su mirada en la calidad de estos centros. Las mismas fuentes de la agencia de promoción económica del Govern aseguran que si estas instalaciones obtienen reconocimiento internacional, como aseguran que están consiguiendo, importa poco que vayan surgiendo nuevos complejos.

Por ello, indican que no se puede fijar una fecha sobre cuándo se asentarán los parques tecnológicos y científicos de Catalunya. “Cuando se estabilicen los que ya están en funcionamiento, los que aún no han arrancado empezarán su proceso de consolidación”, explican en Acc1ó.

Ventajas
Para facilitar este proceso, la entidad dependiente del Departament d’Innovació, Universitats i Empresa ha activado una partida de 10 millones de euros para que todas aquellas empresas que así lo quieran, puedan instalarse en uno de los 20 centros tecnológicos que Catalunya ofertará una vez se inauguren oficialmente los ocho proyectos que están en fase de construcción.

El hecho diferencial de estas instalaciones, según los que las gestionan, son las sinergias entre las empresas que trabajan en un mismo ámbito, la transferencia de conocimiento entre Universidad y mundo empresarial, y la eficiencia que genera el que empresas, agentes y fondos de capital riesgo compartan infraestructuras. Un “efecto de aglomeración” que debería fomentar la competitividad. A la hora de la verdad, sin embargo, muchas empresas aseguran no cooperar en ningún aspecto con su vecino del parque tecnológico.

La clave
En Catalunya existen 13 parques. Además, están en proceso de construcción siete proyectos más. Estos complejos obtienen fondos de sus patronos, aunque la mayoría de sus recursos proceden de fondos de competitividad europeos y estatales.

Las cajas de ahorros y los bancos impulsan la creación de parques
Las cajas de ahorro catalanas, los bancos y los centros universitarios se han convertido en los principales impulsores de los parques científicos y tecnológicos. La Universidad ha encontrado en estos espacios el lugar idóneo para que sus grupos de investigación puedan traspasar sus conocimientos al mercado.

Todas las universidades catalanas se encuentran detrás de uno o varios de estos complejos. Además de las cámaras de comercio de cada provincia, las instituciones financieras también ocupan un lugar destacado en los patronatos y consejos asesores de los centros tecnológicos.

La entrada de instituciones como La Caixa, Caixa Catalunya o Banco Santander, entre otros, es valorada positivamente desde Acc1ó. A juicio de la agencia dependiente del Govern, su presencia “aporta la capacidad financiera necesaria para poner en marcha proyectos que requieren de inversiones potentes en infraestructuras”. Además, añaden estas mismas fuentes, “aportan una capacidad de gestión que asegura el control de los gastos para evitar que la sociedad que controla el parque no entre en pérdidas”.

El Parc Científic de Barcelona se ha apoyado en la banca para financiar su construcción y crecimiento en los últimos años. Sin embargo, la falta de transferencias por parte de las administraciones ha puesto en una situación difícil a la institución. La Sindicatura de Comptes alertó a finales de 2009 de que la situación patrimonial “ponía en duda la viabilidad futura” del parque, que registró unos fondos propios negativos en 19 millones en 2008, con una deuda de 54 millones 


Fuente: Expansion.com