La esclerosis
múltiple
(EM) es la enfermedad más frecuente en los adultos
jóvenes. Su aparición conlleva
síntomas, que incluyen alteraciones de las funciones
ejecutivas, de atención y de memoria. La
rehabilitación cognitiva ayuda a mejorar las capacidades y
la calidad de vida.
Isabel Gallardo Ponce 12/12/2008
La esclerosis múltiple
(EM) es una enfermedad crónica, inflamatoria y degenerativa
con un probable origen autoinmune. Además, es la
patología más frecuente en adultos
jóvenes entre los 20 y los 40 años de edad. "Es
decir, durante la época más productiva desde el
punto de vista personal, social y laboral. Muchos alcanzan un grado de
discapacidad importante con el paso del tiempo. No obstante, los
tratamientos inmunomoduladores han conseguido mejorar notablemente su
calidad de vida", según ha explicado a DM José
Carlos Álvarez Cermeño, del Servicio de
Neurología del Hospital Ramón y Cajal, de Madrid,
a propósito de la II Jornada Esclerosis Múltiple
y Sociedad, realizada en el centro.
"La intervención neuropsicológica puede mejorar
el funcionamiento cognitivo y conductual de los pacientes mediante el
entrenamiento en el uso de estrategias compensatorias y ayudas
técnicas. Además, incide positivamente en
trastornos emocionales como la ansiedad o la depresión. Por
tanto, puede ayudar a pacientes y sus familiares a afrontar las
dificultades que sufren y a mejorar la calidad de vida", ha afirmado
Marisol García-Reyes, neuropsicóloga de la
Fundación Esclerosis Múltiple Madrid.
Las alteraciones cognitivas siguen un perfil
neuropsicológico que se caracteriza por: enlentecemiento de
la velocidad de procesar la información,
alteración de las funciones ejecutivas y la
atención, trastornos en la memoria reciente, y, con menor
frecuencia, alteraciones en las habilidades visuoespaciales y los
trastornos emocionales y conductuales. Por tanto, es necesario "el
desarrollo de instrumentos de evaluación adaptados a la
población española, que reflejen el impacto de
los déficit en las actividades cotidianas, y el desarrollo
de programas y técnicas de rehabilitación
cognitiva en función del perfil y la gravedad de los
trastornos".
Asimismo, la intervención neuropsicológica en los
cuidadores y familiares ha de informar y asesorar sobre las
repercusiones del deterioro cognitivo en las actividades, el manejo de
los síntomas, la renegociación de los roles
familiares, la prevención y la toma de decisiones.
Álvarez y García-Reyes coinciden en la necesidad
de contar con un equipo multidisciplinar para aumentar la eficiencia.
Por eso, "la creación de consultas de alta
resolución en la que se atienden las urgencias que la
enfermedad puede originar, se amplían las prestaciones
señaladas, mejorando la accesibilidad del enfermo a sus
médicos. Así, se evita que acudan a urgencias, en
donde serían tratados por otros facultativos que no conocen
al paciente", explica Álvarez.
Síntomas
neurológicos
Según Álvarez, se estima que en España
la prevalencia actual de la EM es de 90 casos por cada 100.000
habitantes, lo que supone unos 43.000 afectados en total. "La forma
más frecuente es la recidivante-remitente, que se
caracteriza por los brotes de síntomas
neurológicos, que dificultan realizar una actividad normal
por falta de fuerza, inestabilidad, déficit visual u otros
síntomas neurológicos. Dada la imprevisibilidad
de sus recaídas, altera de un modo drástico los
planes de futuro de los pacientes". Por otro lado, el deterioro
cognitivo es difícil de detectar en un examen rutinario, y
aparece en el 50-65 por ciento de los afectados.
Fuente:
Diario
Médico