5 de julio de 2004

El interferón beta 1a reduce las tasas de anticuerpos en EM



La terapia con interferón beta 1a en pacientes con esclerosis múltiple (EM) recurrente consigue reducir las tasas de anticuerpos neutralizantes que interfieren en la bioactividad de los interferones inyectados y favorecen la recurrencia de la enfermedad.

La administración continuada de interferón beta en el tratamiento de la esclerosis múltiple (EM) induce la aparición de anticuerpos bloqueantes y neutralizantes prácticamente en el cien por ciento de los pacientes, lo que disminuye la bioactividad del fármaco y lleva al fracaso terapéutico.

"Uno de los principales problemas que encontramos en el abordaje de estos pacientes es la detección precoz de los anticuerpos. Normalmente aparecen entre los 9 y los 18 meses tras el inicio del tratamiento. Como la bioactividad del interferón no se ve alterada durante al menos el primer año de terapia, la pérdida de eficacia clínica no suele detectarse antes de los dos años de tratamiento", ha explicado Andrew Pachner, profesor de Neurología de la Facultad de Medicina de la Universidad de New Jersey, en Estados Unidos, en la reunión científica sobre Anticuerpos neutralizantes en esclerosis múltiple: significado en la práctica clínica, organizada por Biogen Idec y celebrada en Madrid.

Según ha indicado Pachner, existen diversos test para detectar la presencia de anticuerpos bloqueantes y neutralizantes, así como la bioactividad de las sustancias tras su administración, lo que permite conocer si se produce algún cambio que reduce la acción del fármaco.

Consenso
Sin embargo, la aparición de nuevos agentes terapéuticos exige la creación de un consenso sobre la detección precoz de estos cambios en la bioactividad. "El principal objetivo es evitar la aparición de anticuerpos. Una vez desarrollados, no sabemos a ciencia cierta cuál puede ser la mejor estrategia para tratar a los pacientes, ya que el cambio del tratamiento a otro interferón induce la aparición de reacciones cruzadas. Una de las alternativas sería detectar los anticuerpos de manera precoz y el uso de corticosteroides, aunque algunos especialistas han optado por emplear sustancias con una menor imunogenicidad".

El especialista ha recordado que la aparición de anticuerpos depende especialmente del tipo de interferón empleado. Según los resultados del Estudio de valoración de la calidad en la terapia de esclerosis múltiple, que ha comprado la eficacia y la tolerancia de todos los interferones disponibles como terapia de inicio y de continuación en EM durante un periodo de dos años, el interferón beta 1a disminuye el riesgo de desarrollar anticuerpos y la aparición de brotes en comparación con otros interferones beta 1a y 1b. El estudio contó con la participación de 4.754 pacientes con EM recurrente que habían seguido terapia ininterrumpida durante al menos dos años con interferón beta 1a e interferón beta 1b.

Los pacientes en terapia de inicio no presentaron diferencias en la escala ampliada del estado de discapacidad durante el primer año de tratamiento. No obstante, a partir de los 12 meses el porcentaje de pacientes libres de progresión fue mayor entre los que seguían el tratamiento con interferón beta 1a en comparación con los que se les administraba interferón beta 1b. En cuanto al iterferón beta 1a, los pacientes bajo tratamiento con Avonex, comercializado por Biogen Idec, tanto como terapia de inicio como de continuación, permanecieron durante más tiempo libres de brotes en comparación con los que recibían otros interferones beta 1a.

Progresión constante
La esclerosis múltiple (EM) afecta a 60 de cada 100.000 españoles. El 85 por ciento de los pacientes sintomáticos son clasificados, al momento del diagnóstico, en la forma remitente de la enfermedad. "Aproximadamente la mitad de los pacientes que sufren esta forma de EM evolucionan hacia la secundaria progresiva, más debilitante, en un periodo de diez años. En esta fase, tras periodos de ataques y remisiones intermitentes, la enfermedad inicia un curso de progresión constante", ha indicado Antonio García-Merino, de la Unidad de Enfermedades Desmielinizantes de la Clínica Puerta del Hierro, de Madrid. Aunque no existen tratamientos capaces de curar la enfermedad, "la aportación de los interferones ha sido fundamental,  ya que constituyen la primera terapia que ha demostrado de forma científicamente válida su utilidad en el manejo de esta patología, consiguiendo reducir el número de brotes y la progresión de la enfermedad. Además, ha mejorado la historia natural de la EM y la adopción de estrategias activas de abordaje".

Fuente: http://www.diariomedico.com/edicion/noticia/0,2458,505324,00.html