Barcelona,
31 de octubre de 2007.- Una
actitud positiva
refuerza nuestro sistema inmunológico, según
determinan los últimos estudios
realizados al respecto, reforzados por la opinión de los
expertos. Como hace la Dra.
Ascensión Marcos,
Profesora
de Investigación del Consejo Superior de Investigaciones
(CSIC)
al afirmar que un estado positivo es
fundamental porque las funciones del organismo responden mejor ante
cualquier
agresión externa.
Cada
vez son
más las evidencias científicas que apoyan este
comentario, como demuestra un estudio publicado en 2005 en la revista
“Proceedings
of the Nacional Academy of Sciences”, que todavía
sigue siendo una referencia
en el análisis de los efectos de la felicidad en la
salud. Andrew Steptoe,
James Wardle y Micheael Marmot, del departamento de
epidemiología y salud
pública del University College de Londres, UCL, decidieron
medir la felicidad
desde el punto de vista puramente biológico con el objeto de
determinar su
incidencia en la salud, que resultó crucial.
Los
científicos hicieron el experimento con 216 voluntarios,
incluyendo 116 hombres y 100 mujeres de origen europeo, todos entre 45
y 59
años de edad y sin historial de enfermedad coronaria o
tratamiento de
hipertensión. Les tomaron la presión arterial
antes de cada medición y pruebas
de saliva para medir el cortisol (la hormona del estrés),
les monitorizaron el
ritmo cardiaco, aplicaron un test psicológico para
identificar desórdenes
psiquiátricos y los sometieron a pruebas controladas en
laboratorio para medir el
estrés en respuesta a estímulos mentales.
El estudio
concluyó que el estado de ánimo positivo
está
relacionado con la reducción de problemas neuroendocrinos,
inflamatorios y
cardiovasculares, y el fortalecimiento del sistema
inmunológico.
Células
y tejidos
En la
medición jugó un papel importante el cortisol
como indicador
de salud. Esta hormona es segregada en situaciones de
tensión física y
emocional, y su alta concentración favorece la
aparición de algunas
enfermedades, entre ellas, la obesidad abdominal, la
hipertensión, la diabetes
tipo II y los trastornos autoinmunes. A partir de esto aparecieron las
primeras
sorpresas de la investigación: las personas con actitudes
neutras o tristes
presentaron el nivel de cortisol un 32% más alto que
aquellos que dijeron
sentirse más satisfechos o felices. Un porcentaje
significativo que, según el
estudio, si persiste durante meses o años podría
ser un riesgo para la salud.
Para nadie es un
secreto que altos niveles de cortisol son
característicos de algunos estados depresivos, pero los
investigadores
británicos destacaron que no estar feliz provoca un efecto
similar.
La
actitud positiva se canaliza en
nuestro organismo a través del buen funcionamiento de las
células y tejidos.
Una mentalidad adecuada fortalece el sistema inmunológico.
Y, al contrario, cuando
hay actitud negativa, el cortisol aumenta y es un inmunosupresor
importante, añade la Dra.
Marcos.
En
este sentido, la alimentación, una dieta equilibrada y
adecuada, también
sustenta un ánimo positivo y, en consecuencia, favorece la
buena salud. Se podría
hablar de un trinomio compuesto
por alimentación-felicidad-salud. Lo conseguiremos comiendo
bien, siempre y
cuando se esté bien educado nutricionalmente.
Ésta es la clave para comer lo
adecuado y de este modo, mantener o mejorar la salud.
Cuando confluye
el gusto por la comida con la ingesta de unos alimentos saludables, las
endorfinas se disparan y la sensación de
satisfacción aumenta, explica la
experta.
El
estrés, asociado comúnmente a las sociedades
occidentales, actuaría como un
medidor negativo de los marcadores de felicidad y de salud. "Hay que tener en cuenta que la
insatisfacción crónica durante mucho tiempo llega
a poder desarrollar procesos
tumorales, algo que está relacionado con un sistema inmune
alterado",
concluye la Dra. Marcos.
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