22-12-08
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Director
de la Unidad de Neuroinmunología Clínica del
Hospital Universitario Vall d’Hebron en Barcelona, Director
del Centre d’Esclerosi Múltiple de Catalunya y
Director del Área de Esclerosis Múltiple de
Revista de Neurología.
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Pregunta.
Se estima que hay del
orden de 500.000 pacientes de esclerosis múltiple (EM) en
Europa y que es la principal causa de discapacidad en adultos
jóvenes. ¿Considera que se trata de estimaciones
ajustadas a la realidad?
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Respuesta. De
acuerdo con el reciente Atlas
of MS editado por la MSIF –Multiple Sclerosis International
Federation (http://www.msif.org)–,
existen aproximadamente 630.000 pacientes con EM en Europa y
efectivamente es la principal causa de discapacidad en los adultos
jóvenes. Existen datos recientes que indican que su
incidencia está aumentando de forma global, fundamentalmente
en mujeres de mediana edad. Además, es notable el impacto
social debido a los días de enfermedad que representa tal
prevalencia en una enfermedad que se presenta a edades tempranas de la
vida y con una esperanza de vida prácticamente semejante a
la población general. A principios de Enero del
próximo año se iniciará el estudio
EpidEMcat, patrocinado por el Departament de Salut de la Generalitat e
impulsado por el CEMcat (Centre d’Esclerosi Multiple de
Catalunya) cuyo objetivo es actualizar la incidencia de nuevos casos en
Cataluña.
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P. La
reciente
publicación del Atlas: recursos mundiales en esclerosis
múltiple 2008 por la OMS y la Federación
internacional de Esclerosis Múltiple pone de manifiesto la
escasez e inconsistencia de los servicios a disposición de
los pacientes en los distintos países analizados.
¿Podría darnos su opinión respecto al
caso español e hispanoamericano?
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R. La EM es una
enfermedad compleja y
preveo que su manejo será cada vez más
complicado. Requiere un conocimiento considerable de las diferentes
formas de presentación de la enfermedad con el objetivo de
detectarla precozmente, asimismo la disponibilidad de
tecnología adecuada ocupa un lugar destacado en el proceso
diagnóstico. El manejo terapéutico empieza a ser
difícil dada la existencia de múltiples opciones
terapéuticas, siendo la relación riesgo/beneficio
una variable a tener en cuenta en cada paciente. A lo largo de su
evolución y en la mayoría de casos desde el
principio, el paciente requiere un enfoque multi e interdisciplinar con
la participación de fisioterapeutas,
neuropsicólogos, psicólogos, terapeutas
ocupacionales, logopedas, nutricionistas, trabajadores sociales,
urólogos y oftalmólogos entre otros.
Evidentemente, es una estructura complicada con enormes diferencias en
distintos países e incluso en diferentes áreas
del mismo país. En España la situación
no es óptima pero es mejor que en otros países
europeos. En la mayoría de países
latinoamericanos, a pesar de los excelentes profesionales existentes,
los escasos recursos impiden que existan estos dispositivos
clínicos. Queda un largo camino por recorrer.
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P. Parece
fuera de toda duda que
la atención al paciente con EM requiere una
aproximación interdisciplinar que puede ser realizada en
Unidades de Esclerosis Múltiple. La estructura
administrativa de los Servicios Públicos de Salud
¿es permeable a este requerimiento? ¿Puede
concebirse una estandarización de este tipo de estructuras
que garantice el principio de equidad en la atención a los
pacientes?
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R. El modelo
existente en algunos
hospitales de nuestro país creo que es el que ofrece
más ventajas. Por ejemplo en el Centre d'Esclerosi
Múltiple de Catalunya ubicado en el Hospital Vall
d’Hebron se ha elaborado un modelo multi e interdiscliplinar
donde la investigación y docencia son piedras angulares en
el continuum asistencial considerado en el sentido más
amplio. Por otra parte, los centros superespecializados deben dar
soporte a otros centros cercanos al domicilio del paciente. Asimismo,
el difuminar los distintos niveles de asistencia es clave en el manejo
de estas patologías complejas con unas necesidades
cambiantes a lo largo del tiempo. Creo que un primer paso para
generalizar modelos similares consiste en la acreditación de
las unidades de EM delimitando unos mínimos necesarios para
realizar una asistencia de calidad. La Administración debe
ser permeable a la existencia de unidades donde se gestionen procesos
de forma transversal, con demasiada frecuencia existen contradicciones
entre los modelos preconizados en las escuelas de salud y los
existentes en los hospitales públicos. En ocasiones la
voluntad de la Administración Sanitaria topa con las
necesidades asistenciales en un marco de escasez presupuestaria. La
inversión en Sanidad e Investigación
debería acercarse al existente en otros países de
nuestro entorno.
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P. En
todo caso, la
terapéutica farmacológica parece razonablemente
asentada sobre la base de la tétrada acetato de glatiramero,
interferón beta-1a, interferón beta-1b y
alemtuzumab. ¿Cree que existe una protocolización
adecuada para el uso de este arsenal terapéutico?
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R. En estos
momentos existe un consenso
generalizado, que coincide con las indicaciones de los
fármacos arriba mencionados, donde los interferones y el
acetato de glatiramero constituyen los fármacos de primera
línea, quedando reservado el natalizumab para aquellos
pacientes con respuesta insuficiente o inadecuada a los primeros.
También es posible utilizar natalizumab como
fármaco de primera línea en aquellos pacientes
con formas de inicio muy agresivas. Salvando las diferencias existentes
entre distintas comunidades del país, creo que su uso es
racional y, en general, perfectamente protocolizado.
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P.
Durante este año se
han presentado resultados de ensayos clínicos con acetato de
glatiramero y con alemtuzumab que respaldan el interés del
tratamiento precoz en la EM. Pero parece inevitable que esta
opción suscite exigencias en el diagnóstico
diferencial. También este año se ha publicado un
consenso al respecto [Mult Scler 2008; 14: 1157-74 ] pero una de las
conclusiones era que el diagnóstico diferencial de sospecha
de EM es complejo y faltan evidencias robustas. Obviamente se suscitan
varias preguntas: ¿estamos en condiciones de aplicar un
tratamiento precoz?, ¿deben considerarse desplazados los
criterios de McDonald?
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R. La evidencia de
que el tratamiento
precoz es clave en la EM con el objetivo de limitar el
fenómeno inflamatorio en una fase inicial y, eventualmente,
frenar o atajar el componente degenerativo empieza a ser abrumadora.
Los criterios de McDonald permiten el diagnóstico precoz en
la actualidad (tanto como al cabo de 3 meses desde el inicio del primer
síntoma). Por otra parte, hay que tener en cuenta que dichos
criterios son dinámicos y que se incorporan nuevas
evidencias que continuamente aparecen en la literatura. El grupo
MAGNIMS (Magnetic Imaging in MS), entre los cuales se incluye nuestro
centro, ha demostrado que en el 50% de los pacientes es posible el
diagnóstico de EM el primer día del inicio de la
sintomatología [Arch Neurol; en prensa]. El panel
internacional responsable de los criterios de McDonald es probable que
incorpore ésta y otras modificaciones en la
próxima revisión de los mismos. Es cierto que el
uso de la resonancia magnética ha aumentado por una parte la
rapidez y sensibilidad diagnóstica de la enfermedad pero, en
contrapartida, también el número de falsos
diagnósticos. Teniendo en cuenta la complejidad de los
fármacos actuales, el diagnóstico diferencial es
esencial y, por supuesto, también lo es la experiencia del
neurólogo en la identificación precoz de la EM.
El reciente artículo publicado en Multiple
Sclerosis pretende llenar el vacío existente en
todos los criterios diagnósticos utilizados hasta la
actualidad, donde la 'exclusión de otras
patologías' no era más que una frase sin
profundizar en detalles. En este artículo, elaborado por
consenso, se describen algoritmos diagnósticos de las formas
de presentación más frecuentes (mielitis,
neuritis óptica y síndromes de tronco)
así como red flags clínicos y
radiológicos que deberían obligarnos a descartar
otras patologías.
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P. El
estudio mencionado con
alemtuzumab ha recibido una considerable atención en NEJM y
en otras publicaciones especializadas en una doble vertiente.
Abordaremos la primera vertiente en esta pregunta y, si no le importa,
dejaremos la otra vertiente para la siguiente pregunta. Parece que
terapéuticas inmunosupresoras agresivas al inicio del
proceso tienen resultados muy alentadores, pero esta agresividad puede
parecer desproporcionada y desincentivar su aplicación en
beneficio de terapéuticas convencionales. ¿Se
vislumbra un punto de equilibrio entre estas opciones? ¿Se
corre el riesgo de trasladar la decisión al enfermo o
familiares?
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R. Es sin duda
atractivo el especular que
los tratamientos inductores, es decir, tratamientos muy agresivos al
principio de la enfermedad seguidos de tratamientos de mantenimiento
podrían representar una estrategia óptima en la
EM. Existe algún estudio clínico aislado que
así lo indica y, sin duda, el alemtuzumab
representaría el paradigma del fármaco potente,
muy eficaz y, a la vez, cómodo para el paciente, por lo que
podría ser utilizado como tratamiento inductor. La otra cara
de la moneda es la toxicidad que, desafortunadamente, corre paralela a
la eficacia de los fármacos utilizados en la EM. En la
actualidad, la estrategia en escalada terapéutica es la
aconsejable hasta que dispongamos de más ensayos que
demuestren la bondad del tratamiento inductor. Evidentemente, el futuro
parece pasar por la terapia individualizada mediante la
utilización de marcadores clínicos,
radiológicos y biológicos.
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P. El
ensayo con alemtuzumab, al
que hacíamos referencia, parece haber alumbrado detalles de
interés sobre la fisiopatología de la enfermedad
al observarse que la detención del proceso inflamatorio no
sólo parece detener el avance de la enfermedad sino que
incluso supone una mejoría de los enfermos. Esto se ha
interpretado como una contención del proceso
neurodegenerativo asociado. ¿Considera plausible esta
interpretación? Por otro lado, esta
interpretación nos lleva a un terreno de debate relativo a
la clasificación etiopatogénica de la EM, que se
considera tradicionalmente como autoinmune pero a la que algunas
visiones clasificarían como neurodegenerativa
¿cuál es su punto de vista al respecto?
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R. Tal y como he
comentado previamente, el
tratamiento precoz es esencial para la detención del proceso
inflamatorio y, por extensión, del proceso neurodegenerativo
que, de hecho, está causado en parte por el primero. Se ha
comunicado que a los 5 años existen diferencias
significativas en el desarrollo de la discapacidad entre los pacientes
tratados tras el primer episodio y aquéllos tratados
posteriormente (estudio BENEFIT). Desconocemos hasta qué
punto el tratamiento precoz modificará la historia natural
de la enfermedad a largo plazo y necesitamos, desesperadamente, la
identificación de fármacos neuroprotectores y/o
estrategias neuroregeneradoras, no tan solo en la EM sino en muchas
otras enfermedades neurodegenerativas.
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P. La EM
parece estar
constituyéndose en el eje de la Neuroinmunología
por los progresos en la investigación de
patología autoinmune. ¿Opina que es
así? ¿Entiende que puede haber
fertilización cruzada con otros campos desde los progresos
en el conocimiento de la EM?
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R. La EM
constituye la patología
neuroimmunológica más frecuente y es razonable
que se utilice como modelo para el estudio de otras enfermedades de
patogenia similar. Asimismo, la sinergia entre diferentes campos de
conocimiento de la interacción entre el sistema inmune y
diferentes parcelas del organismo es esencial para la
fructificación de la investigación realizada en
estas áreas de conocimiento.
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Prof. Dr.
Juan V.
Sánchez-Andrés
Depto. Médico, Viguera eds. |
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