
20 Noviembre 2008
Se han presentado recientemente los datos más convincentes nunca presentados de la relación de la infección de un organismo especifico con la EM, desde el Department of Neurology and Pathology, Vanderbilt School of Medicine, Nashville, Tennessee. El Dr. Subramaniam Sriram y sus colaboradores han publicado los resultados en la prestigiosa revista Annals of Neurology, donde han demostrado la presencia de este tipo de bacteria en el 100% de los 37 pacientes de EM estudiados.
Como los autores han informado “la evidencia de la Clamidia pneumoniae tanto en la EM progresiva como en la RR sugiere que la infección del sistema nervioso central con Clamidia pneumoniae ocurre temprano y persiste quizás a través del curso de la enfermedad y no distingue entre diversos subtipos clínicos de la enfermedad”.
Esta pretendida relación entre el riesgo de EM y la infección con Clamidia pneumoniae fue verificada recientemente en un estudio que aparecía en Marzo de 2003 en la revista Epidemiology. En este informe, la investigadora Kassandra Munger, de Harvard, encontró una incidencia creciente del 70% en mujeres seropositivas por la presencia de anticuerpos de Clamidia pneumoniae.
Este organismo se ha añadido recientemente a la lista de bacterias conocidas que afectan a seres humanos. Ahora se reconoce como causa de pulmonía, faringitis, bronquitis y otras enfermedades crónicas. Más importante aún es que ahora se han reconocido que por lo menos tiene un cierto papel como causante en la artritis reactiva y en la enfermedad coronaria, dolencias que, como la EM, se caracterizan por un curso inflamatorio.
La idea que la esclerosis múltiple pueda ser causada por una cierta forma de un agente infeccioso es apoyada por varios interesantes estudios. En las islas Faroë antes de 1920, la EM era totalmente desconocida. Tras la invasión de tropas británicas, la incidencia aumentó muchísimo. Esto apoyaría la sospecha de que algún agente infeccioso es el causante de la EM, por lo menos en las islas Faroë, donde la población autóctona no se había expuesto previamente a ese agente. Además, en el líquido cerebroespinal (CFS) de pacientes diagnosticados con esclerosis múltiple, se pueden observar altas cantidades de proteínas específicas, que se sabe que están elevadas también en otros desórdenes del sistema nervioso cuyas causas infecciosas se han identificado de forma clara.
Si
hay una relación tan fuerte entre la presencia de la
Clamidia pneumoniae y la esclerosis múltiple,
¿cómo han podido los investigadores ignorar esta
presencia durante tantos años?; la respuesta descansa en el
hecho de que el descubrimiento de la Clamidia pneumoniae en el
líquido espinal de los pacientes con EM requirió
el desarrollo de pruebas muy sofisticadas, para detectar una
única proteína que se encuentra en la pared
celular de dicho microorganismo. De hecho, éste no es el
primer ejemplo de un gran retraso en la identificación
de una bacteria evasiva, como causa específica de una
enfermedad. Ha sido durante los últimos años que
se ha demostrado que el Helicobacter pilori era el agente causante de
la mayoría de los casos de úlceras
gástricas. De forma sorprendente, desde principios de 1900
el Helicobacter pilori se ha identificado en estómagos de
seres humanos, pero los investigadores médicos no
admitían la posibilidad que una enfermedad como la
úlcera gástrica podría ser causada por
una simple bacteria.
Otra observación que apoya la relación entre la Clamidia pneumoniae y la esclerosis múltiple se basa en el descubrimiento que dos medicaciones de uso general para la esclerosis múltiple, interferón-beta y el metotrexato, inhiben mucho el crecimiento de la bacteria. Esta información es muy interesante y provocativa pues no entendemos todavía completamente por qué estos fármacos son a veces eficaces en el tratamiento de la EM.
Durante los últimos años, la literatura médica ha publicado varios artículos que describían virus específicos como probables causantes de la esclerosis múltiple. Pero esta nueva investigación que describe la posible relación entre la Clamidia pneumoniae y la esclerosis múltiple es más concluyente. Y lo bueno de la noticia es que las medicinas antimicrobianas específicas para tratar la Clamidia pneumoniae están ya disponibles.
Basado en esta investigación, es razonable que los pacientes con esclerosis múltiple consideren un tratamiento empírico para la Clamidia pneumoniae. Como este descubrimiento es relativamente nuevo, no hay hasta ahora ningún protocolo para el tratamiento específico. Y tardará probablemente varios años hasta que se haya diseñado, se haya aprobado, se haya financiado, se haya terminado, y se hayan publicado. En última instancia, los ensayos clínicos, hasta que sepamos de forma segura, de los pacientes de EM deben ser tratados. Pero a la luz de la actual evidencia, y de forma empírica, parece razonable tratar a los pacientes de EM contra la Clamidia pneumoniae. Esta decisión se debe discutir, por supuesto, con el médico que atiende. Los antibióticos, generalmente, son muy eficaces al tratar esta infeccion; entre los que se incluyen está la minociclina y la tetraciclina. La minociclina puede ser el tratamiento más eficaz ya que puede atravesar mejor la barrera hematoencefálica y entrar en el cerebro.
El centro de salud Perlmutter da el protocolo empírico para el tratamiento de la Clamidia pneumoniae en nuestros pacientes con EM y es este: Minociclina, 100 mg dos veces al día durante 21 días.
Una vez más la decisión de emplear este tratamiento empírico debe realizarse después que el paciente y el médico consideren la literatura de la relación entre la Clamidia pneumoniae y la esclerosis múltiple, así como los potenciales riesgos de usar la minociclina o el otro antibiótico. Es siempre de importancia, al tomar cualquier antibiótico, utilizar también un probiótico. Éstos son suplementos alimenticios que están diseñados para restablecer niveles apropiados de “bacterias amistosas” en el intestino, uno de ellos es el lactobacilo acidófilo, junto con otros que ayudan en la absorción de alimentos, ayudan a mantener integridad de la flora intestinal y ayudan a la desintoxicación.
Fuente:
http://www.msrc.co.uk/index.cfm?fuseaction=show&pageid=1076
Versión española: Rita Puentes -
Fundación GAEM