Los investigadores denuncian la oferta de terapias que no han demostrado ser eficaces

Son las células de los huevos de oro. Pueden
aportar grandes
beneficios a personas que sufren enfermedades hoy incurables. Pero la
codicia y la falta de escrúpulos de un reducido
número de médicos e investigadores amenaza con
impedir que los beneficios de las células madre se hagan
realidad, igual que ocurrió con la gallina de la
fábula de Esopo (ya saben: la gallina ponía un
huevo de oro al día hasta que un granjero codicioso la
destripó esperando encontrar la máquina que
fabricaba los huevos; al final, el granjero se quedó sin
gallina ni huevos ni máquina). Frente a esta amenaza,
algunos de los máximos especialistas mundiales en
células madre han empezado a denunciar las terapias
fraudulentas que se aprovechan del prestigio de esta línea
de investigación.
Entre los ejemplos de codicia, se encuentran la
compañía estadounidense Medra, con sede en
California, que en su página web promete curar con
células madre desde el síndrome de Down hasta las
lesiones medulares y que presume de haber tratado a más de
1.500 pacientes; la alemana Xcell-Center, con sedes en Dusseldorf y
Colonia, que dice tratar embolias, diabetes, alzheimer, esclerosis
múltiple y hasta incontinencia urinaria; la japonesa
Nichi-in, que amplía la lista a enfermedades cardiacas y
cirrosis; la tailandesa TheraVitae, que se centra en enfermedades
cardiovasculares… Ninguno de los tratamientos que ofrecen ha
demostrado ser eficaz. Sus precios no suelen bajar de 15.000 euros.
"Hay clínicas en distintos países que se
aprovechan de las esperanzas de los pacientes diciendo que ofrecen
terapias basadas en células madre, habitualmente por grandes
sumas de dinero, pero que no ofrecen un método
científico creíble, transparencia o
protección de los pacientes", advierte la Sociedad
Internacional para la Investigación de Células
Madre (SIICM) en un documento de consenso. "Administrar intervenciones
basadas en células madre de eficacia no demostrada al margen
de un ensayo clínico cuidadosamente regulado pone a los
pacientes en situación de riesgo y amenaza el progreso
legítimo de la investigación destinada a
desarrollar nuevas terapias".
Las células madre son, como su nombre indica, un tipo de
células que tienen la capacidad de engendrar
células hijas. A partir de células madre se
forman todos los tejidos del cuerpo humano durante la
gestación y se regeneran los tejidos a lo largo de la vida.
En esta propiedad de las células madre se basa la idea de la
medicina regenerativa: si enfermedades como la diabetes, el parkinson o
las lesiones medulares se deben a los daños que sufren
algunas células, ¿no sería posible
regenerar estas células y curar la enfermedad con
células madre?
Hay unas pocas enfermedades en que esta estrategia ya se aplica con
éxito. Algunas leucemias se tratan desde hace
décadas con trasplantes de médula
ósea, que contienen las células madre de la
sangre. Algunas quemaduras y enfermedades de la córnea se
tratan con células madre epiteliales (las células
a partir de las que se forma la piel). Este mes se ha anunciado que
doce personas diabéticas han conseguido vivir sin insulina -
y otras once no lo han conseguido - tras recibir un autotrasplante de
médula ósea con células madre de la
sangre.
Fue el inesperado descubrimiento, en 1998, de que se podían
cultivar células embrionarias en laboratorio lo que dio un
impulso sin precedentes a la investigación con
células madre. Pero el avance tenía una
contrapartida: obtener células madre embrionarias obligaba a
destruir embriones, algo que sectores cristianos y la
administración Bush consideraban intolerable y que
frenó esta línea de investigación.
Desde hace un año y medio se ha iniciado una nueva edad de
oro en la investigación de células madre a
raíz de un nuevo descubrimiento: se pueden reprogramar
células de una persona adulta para que vuelvan a comportarse
como células embrionarias. Se obtienen así
células como las embrionarias sin necesidad de destruir
embriones. "Es una línea de investigación muy
prometedora, pero estamos bastante al principio", advierte Leopoldo
Laricchia-Robbio, coordinador científico del CMRB.
El primer ensayo clínico del mundo de una terapia basada en
células madre embrionarias se iniciará este
año en EE. UU. en pacientes con lesiones medulares,
según anunció en enero la
compañía Geron. Un segundo ensayo se
iniciará dentro de dos años en el Reino Unido en
pacientes con degeneración macular - la causa más
común de ceguera - y tendrá
financiación
de la multinacional farmacéutica Pfizer, informó
el domingo The Sunday Times.
Estos estudios se limitarán a unos pocos pacientes y
estarán destinados a evaluar, aún no la eficacia
de los tratamientos, sino su seguridad. Dado que las células
embrionarias tienen un gran potencial de proliferación, los
investigadores temen que puedan originar tumores.
Ya se ha registrado un caso de un niño israelí
que recibió inyecciones de células madre fetales
en Rusia al margen de un ensayo clínico controlado y ha
sufrido dos tumores del sistema nervioso, uno en el cerebro y otro en
la médula espinal. Pese a los riesgos, advierte
Laricchia-Robbio, "las células madre están de
moda y hay centros que ofrecen tratamientos diciendo que
están basados en células madre".
Ofrecen células madre de eficacia no probada
médicos de distintas disciplinas desde la
traumatología (por ejemplo, para reconstruir huesos tras una
fractura) hasta la medicina estética (por ejemplo, para
operaciones de aumento de pecho).
"En muchos casos se desconoce el mecanismo por el que estas
células pueden curar la enfermedad", advierte Anna Veiga.
"Es importante que los pacientes tengan una información muy
detallada de lo que se hará y de las expectativas reales de
curación".
"El camino hacia el uso clínico de las células
madre a gran escala será probablemente largo y lleno de
retos", concluye la SIICM. Para evitar abusos y favorecer que la
investigación avance hacia el desarrollo de terapias
eficaces, la sociedad científica reclama que las terapias
con células madre se apliquen por ahora en el marco de
ensayos clínicos; que antes de estos ensayos se realicen los
estudios pertinentes en el laboratorio y en animales igual que se hace
con los nuevos fármacos; y que, una vez terminados los
ensayos, se hagan públicos los resultados tanto si son
buenos como si son malos.