| DM. Nueva York |
El
cerebro humano sigue evolucionando. La revista Science aporta hoy
nuevas pruebas sobre este hecho. Un grupo de investigadores de la
Universidad de Chicago publica dos trabajos sobre sendos genes cuyas
variaciones indican una evolución en el hombre. La
evolución de las especies se produce de forma individual: uno o varios
sujetos adquieren determinada mutación genética que les confiere mayor
probabilidad de supervivencia, y los cambios se extienden a toda la
población. Dos artículos que publica hoy Science realizados por el
equipo de científicos de Bruce T. Lahn, profesor de Genética Humana de
la Universidad de Chicago e investigador del Instituto Howard Hughes,
revelan cambios en las secuencias de dos genes que parecen constituir
la evidencia de que el cerebro humano se encuentra en plena evolución.
Los genes en cuestión son el productor de la enzima microcefalina y el
gen aspm o gen asociado a la microcefalia anormal fusiforme; la pérdida
y mutación de alguno de ellos están asociadas a la aparición de
microcefalia humana, un síndrome caracterizado por la reducción del
tamaño normal del cerebro.
Lahn y su equipo ya habían determinado cambios significativos que el
gen de la microcefalina y el aspm experimentaron bajo condiciones de
selección natural, al diferenciarse los primates no humanos de los
humanos (ver DM del 15-I-2004).
"A partir de esas conclusiones nos planteamos si la selección que se
observaba en los genes de ambas especies se mantendría en la actualidad
en los humanos", se pregunta Lahn. La respuesta al interrogante queda
afirmativamente contestada con sus dos recientes trabajos.
El nuevo haplotipo del gen de la microcefalina apareció hace 37.000
años y lo comparten un 70 por ciento de los hombres. El haplotipo nuevo
del aspm surgió hace 5.800 años y está en un 30 por ciento de los Homo
sapiens. Se trata de dos periodos extraordinariamente cortos en
términos evolutivos, pues son posteriores a la aparición del hombre,
hace unos 200.000 años.
Hechos culturales
Cada una de las mutaciones emergió en paralelo a ciertos
acontecimientos culturales especiales; así, la variante del gen de la
microcefalina nace junto a la aparición de las artes, la música, las
primeras prácticas religiosas y la tecnología; la mutación del aspm
coincide en el tiempo con el desarrollo de Mesopotamia, la civilización
más antigua conocida.
Según concluyen los autores del trabajo, el gen de la microcefalina y
el aspm han continuado con esta tendencia de evolución adaptativa más
allá de los cambios anatómicos experimentados por el hombre moderno.
Para realizar el estudio, los investigadores buscaron haplotipos de
ambos genes en más de mil individuos de 59 etnias de todo el mundo. Al
analizar las diferentes procedencias geográficas se dedujo que el nuevo
haplotipo del aspm y sus variantes se encuentraban con más frecuencia
en poblaciones de Europa, del norte de Africa, de Oriente Medio y del
sur de Asia, mientras que eran más raras en pueblos del sur asiático,
entre indígenas americanos y subsaharianos. El haplotipo del gen de la
microcefalina es más usual en poblaciones distintas a las de Africa
subsahariana.
Lahn matiza que estos datos no implican que existan etnias "más
desarrolladas" que otras; "hay más variables como la interacción
genética y la influencia ambiental".
El tamaño del cerebro tampoco implica necesariamente una inteligencia
mayor. Hay estudios que han relacionado ambas variables, pero se ha
comprobado que los cocientes intelectuales de hombres y mujeres son
similares, a pesar de que el cerebro masculino es entre un 3 y un 4 por
ciento mayor que el femenino.
En cambio, parece cierto que si el ser humano sobrevive otro millón de
años, las estructuras cerebrales serán distintas a como las conocemos
ahora.
(Science 2005; 309: 1.717-20/1.720-22).