Una proteína facilita la función autorreparadora del cerebro
El cerebro tiene capacidad para autorrepararse. Un estudio con participación española que se publica hoy en Cell
revela que la proteína Numb contribuye a restablecer la cohesión
perdida en las zonas cerebrales donde proliferan las células madre
neuronales adultas.
Sonia Moreno
15/12/2006
Las
proteínas Numb y Numblike, conocidas por su papel en el desarrollo
neuronal embrionario, desempeñan una función esencial en el
mantenimiento de los nichos neurogénicos y, lo que es más importante,
pueden revertir un proceso de destrucción en estas zonas cerebrales, lo
que constituye una prometedora vía de investigación para el tratamiento
de enfermedades neurodegenerativas como el ictus.
La revista
Cell publica hoy un trabajo donde se muestra que el cerebro adulto
tiene capacidad para autorrepararse. El trabajo ha sido realizado por
investigadores del Instituto Howard Hughes, y de la Universidad de California, ambos en San Francisco, y de la Universidad de Valencia.
El
estudio ha empleado un modelo de ratón transgénico condicionado, que
dejaba de expresar las proteínas cuando ya había alcanzado cierta edad
adulta. Como son moléculas imprescindibles para el desarrollo neuronal
embrionario, los investigadores no podían emplear modelos murinos
transgénicos que carecieran de las proteínas desde su gestación. Los
centros americanos desarrollaron este tipo de animales, de elevada
complejidad genética y muy costosos de mantener: sólo sobrevivía uno de
cada treinta animales.
Participación española
Por su parte, José Manuel García-Verdugo y Mario Soriano Navarro, director e investigador respectivamente del Laboratorio de Morfología Celular del Centro de Investigación Príncipe Felipe,
de la Universidad de Valencia, han llevado a cabo el estudio
morfológico, sobre todo con microscopia electrónica, de las muestras de
tejido cerebral múrido para determinar el efecto de la ausencia de las
proteínas en el cerebro adulto. Los científicos analizaron a lo largo
de un año las muestras de los animales transgénicos que les remitían
desde Estados Unidos.
"Comprobamos que la falta de proteínas
afectaba a la proliferación y maduración de las nuevas neuronas, así
como a la migración y a la cohesión del nicho neurogénico", ha
explicado García-Verdugo a DM.
Nicho
El
nicho es la zona donde se encuentran, entre otros tipos, las células
madre, guarecidas por un microambiente que favorece su proliferación y
movimiento; el nicho estudiado en este trabajo se encuentra en la zona
subventricular, donde se localiza principalmente la neurogénesis del
cerebro murino.
La zona subventricular del cerebro humano
también aloja la fuente de las células madre neuronales adultas, tal
como descubriera el grupo de José Manuel García-Verdugo y de Arturo
Álvarez-Buylla, de la Universidad de California, en un trabajo que se
publicó en la revista Nature.
La
falta de las proteínas provocaba en el cerebro adulto de los animales
que las células pasaran del nicho al líquido cefalorraquídeo, y esta
zona dejaba de ser funcional. En cambio, cuando los investigadores
introducían las proteínas en los cerebros que iban a destruirse por
esta pérdida de cohesión, se restituía la funcionalidad de la zona.
Los
autores del trabajo desconocen por el momento los mecanismos exactos
por los que se produce la reparación, pero no excluyen que pueda
emplearse algún día en la neurogénesis postnatal.
De hecho,
según ha comentado García-Verdugo, este hallazgo indica que las
proteínas podrían tener alguna relevancia en la reparación de lesiones
cerebrales como el ictus, cuando se producen cerca de la zona
subventricular.
De la mosca al hombre
Las
proteínas Numb y Numblike no son las únicas que participan en el
funcionamiento de los nichos neurogénicos, pero sí son las más
importantes. El grupo de Yuh-Nung Jan, del Instituto Howard Hughes,
otro de los autores del trabajo de Cell, estudia la Numb desde que la
descubriera en la Drosophila hace una década.
Años después se
halló la proteína, junto con otra (Numblike), en mamíferos, y se
determinó su papel en el desarrollo embrionario de las neuronas. "El
hecho de que se encuentre en la mosca de la fruta y en los mamíferos
quiere decir que estas moléculas se hallan en toda la escala evolutiva
y, por tanto, también en el hombre", ha recordado García-Verdugo.
(Cell 2006; 127: 1.253-1.264).
http://www.diariomedico.com/edicion/diario_medico/mi_dm/biotecnologia/genomica/es/desarrollo/719114_04.html