[Fecha: 2008-06-16]
Las enfermedades autoinmunes se
producen cuando los anticuerpos cuya función es proteger al
cuerpo humano contra los invasores extraños se vuelven
contra las propias células y tejidos del organismo. En la
esclerosis múltiple (EM), los anticuerpos comienzan a atacar
a las células nerviosas, lo que conlleva la
degeneración de las fibras de la mielina, la vaina que rodea
a las neuronas. Se sabe muy poco acerca de dónde provienen
estos anticuerpos, pero un equipo de científicos acaba de
descubrir una forma de asignar los anticuerpos a sus células
de origen, lo que permite un mejor seguimiento de estas
moléculas malhechoras.
El sistema inmunológico de una persona sana defiende
vigorosamente al organismo frente a posibles invasores como las
bacterias y los virus. El sistema produce millones de anticuerpos que
nos defienden contra estos patógenos, pero en una enfermedad
autoinmune estos anticuerpos dejan de reconocer a las propias
células del organismo, viéndolas como cuerpos
extraños que hay que atacar.
En la esclerosis múltiple, los anticuerpos provocan una
reacción inflamatoria en el sistema nervioso central, ya que
las células atacan la mielina, una sustancia grasa que
envuelve las fibras nerviosas. Como consecuencia de ello, la
degeneración y la cicatrización de la mielina
alteran el funcionamiento de los impulsos neurológicos del
cerebro. Las personas que sufren de esclerosis múltiple
(«esclerosis» significa
«endurecimiento» en griego), experimentan varios
síntomas, entre ellos entumecimiento y hormigueo en los
dedos, visión borrosa y pérdida de memoria.
Descubrir el origen de estos agresivos anticuerpos que atacan la vaina
de la mielina supone un paso importante en la comprensión de
la esclerosis múltiple. Si, al igual que otros anticuerpos,
las moléculas relacionadas con la EM se originan en la
sangre o en órganos linfáticos como el bazo, la
médula ósea o los ganglios linfáticos,
entonces tendrían que pasar a través de la sangre
para alcanzar el líquido que rodea las células
nerviosas.
Un equipo de científicos de los Institutos Max Planck de
Neurobiología y de Bioquímica y del Hospital
Universitario de Grobhadern en Munich (Alemania) ha desarrollado un
método de seguimiento de estos anticuerpos hasta localizar
sus células de origen. Para ello aislaron células
B a partir del líquido de las células nerviosas y
analizaron el código genético de la
región del ADN responsable de la producción de
dichos anticuerpos. Esto permitió calcular el
tamaño y el peso de los fragmentos de anticuerpos que
producían cada célula B analizada.
También se analizaron los anticuerpos encontrados en el
líquido de las células nerviosas y se compararon
ambas series de datos. Los resultados fueron concluyentes: los
anticuerpos encontrados en el líquido de las
células nerviosas son producidos por las células
B presentes en éste. El alto nivel de variabilidad
genética observado en determinadas zonas del ADN
indicó que las células B del líquido
ya habían entrado en contacto con estructuras diana del
sistema nervioso.
«El siguiente paso es ahora el ensamblaje de los fragmentos
hasta obtener anticuerpos completos, lo que nos debería
permitir identificar sus estructuras de destino en el sistema nervioso.
Otro punto fuerte de este nuevo procedimiento radica en que no se
limita a los análisis de la esclerosis
múltiple», comentó Klaus Dornmair,
responsable del estudio.
El objetivo último de la investigación es
identificar las estructuras de destino, lo que podría dar
lugar a la supresión de los anticuerpos más
destructivos, pudiendo así paliar los síntomas de
la esclerosis múltiple.
Para obtener más
información, consulte:
Sociedad Max Planck:
http://www.mpg.de/
Plataforma Europea de la Esclerosis Múltiple:
http://www.ms-in-europe.org/news/